Por primera vez, Asocheca en cooperación con la Embajada de la República Checa celebró en Bogotá la fiesta de San Nicolás, una de las tradiciones checas más importantes en la época del adviento. La fiesta de San Nicolás se celebra el 6 de diciembre. Sin embargo, el encuentro en el jardín de la residencia del señor embajador tuvo lugar unos días más tarde, concretamente el sábado 12 de diciembre.
La figura central, San Nicolás, es un personaje legendario que les trae regalos a los niños el 5 de diciembre por la noche, es decir, en la víspera del día de San Nicolás. Por lo general, la figura denominada Mikuláš en checo está vestida de rojo, con hábito de obispo y un báculo pastoral en la mano. Lo suele acompañar un ángel y un diablo, que juntos recorren las calles de las ciudades entrando de casa en casa. Les preguntan a los niños cómo se han portado, les piden que les reciten un poema o que les canten una canción. El demonio se encarga de asustarlos, el ángel representa el papel del bueno. Al final, San Nicolás les da a los niños buenos una fruta o un dulce, y los que no se han portado bien pueden recibir cáscaras de papas o un trozo de carbón. De acuerdo con esta tradición, los hijos y nietos de los miembros y otros amigos de Asocheca tuvieron que demostrar a los tres personajes de la fiesta sus capacidades para recibir dulces.
El reconocido guitarrista checo Petr Vít acompañó con su música esa tarde agradable llena de atmósfera navideña.
Un poco más sobre la leyenda de San Nicolás …
La figura de San Nicolás está inspirada en la de un obispo cristiano, San Nicolás de Bari, obispo de Myra en la actual Turquía, en el siglo IV, que fue muy venerado por los cristianos de la Edad Media.

Conmovido con la desgraciada situación de su gente ante la peste, repartió sus bienes entre los necesitados y se ordenó como sacerdote. De él se cuentan cientos de historias, especialmente narrando sus milagros y sus bondades para con la gente pobre.
Su mítica fama de repartidor de obsequios se basa en otra historia, que cuenta que un empobrecido hombre, padre de tres hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria. Enterado de esto, Nicolás le entregó, al obtener la edad de casarse, una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas. Se cuenta que todo esto fue hecho en secreto por el sacerdote quien entraba por una ventana y ponía la bolsa de oro dentro de los calcetines de las niñas, que colgaban sobre la chimenea para secarlos.
Cuando más adelante (ya en el siglo XVI) San Nicolás se convirtió en una festividad familiar, se impuso la costumbre de poner los zapatos junto a la chimenea. Según la tradición, San Nicolás baja por la chimenea de noche y coloca los regalos en los zapatos de los niños, generalmente, dulces y juguetes. Esta tradición sigue manteniéndose viva.





